Los contrasentidos, lo más autóctono de nuestro dialecto

 



 

Una de las características únicas en nuestro dialecto y solo usada en el mismo son los que yo llamo contrasentidos, o como muchos que no son de la región dicen: hablar para atrás.

Se pierde en los años la razón por la cual esta costumbre pasó a formar parte del habla cotidiana y se desconocen las raíces de lo mismo, ya que no son propias de los dialectos primigenios ni de otras lenguas, incluso la indígena.

Podría haber sido un argot local usado como forma de código por alguna prohibición que terminó emigrando y permaneciendo, ya que entre sus elementos están presentes la ironía, el humor, el sarcasmo y la exageración.

Existe una figura literaria con todos estos elementos que es muy poco conocida y que se llama subestimación, que nada tiene que ver con el verbo subestimar, que consiste en llamar la atención o exagerar la evidencia de algo obvio con humor mediante el sarcasmo, la ironía, o la rareza.

Lo cierto del caso es que en nuestro dialecto este giro nada convencional es lo que más confunde al extraño y mejor comunica al propio, acostumbrado a que los elementos con los que se conforma forman parte cotidiana de su manera de expresarse, porque si existe algo que sobra en ella es el humor, el tomar elementos del entorno y transformarlo en referencia para destacar, comparar y exagerar algo, siendo la metáfora, el símil y la hipérbole, tan comunes que muchos definen nuestro dialecto, satanizado y vulgarizado, como el más rico en figuras literarias usadas.

Además del humor, la ironía y el sarcasmo casi siempre están presentes sin que estos tengan esa carga agresiva común que los identifica y con los mismos más que criticar se hacen comentarios comparativos o puntuales sobre acciones o características personales, nadie que sea de acá se pondrá  rabioso ni tomará armas contra quien diga por ejemplo “No le pegáis ni a la bola del gas” haciendo referencia que sea un mal bateador o que le expresen “Sois peor que la ruta seis” porque da muchas vueltas para llegar a un sitio.

A estos tres elementos conjugados se le agregan el humor, la exageración, el significado local de las palabras y la inventiva local y se forma un contrasentido. Muchos de ellos sencillos de entender como “Estáis finita” señalada a una persona obesa,  y difíciles para el extraño como “No quiero nada con mi novia” para decir que está muy enamorado, “Tiralá más duro” como protesta ante haber cerrado muy fuertemente una puerta, o “Mi papá nos tiene cochinos” para decir que los tiene consentidos.

Para quienes adversan el dialecto y lo señalan como impropio, se les hace muy complicado erradicar esta forma natural de expresión porque la misma parece estar insertada en los genes de los nativos de esta tierra y es casi imposible atacarla a través de la educación.

Los contrasentidos es lo más autóctono de nuestro dialecto, lo que no fue traído por ninguno de los dialectos e idiomas que lo conformaron sino que nació  espontáneamente ante alguna circunstancia y como pandemia fue transmitido a los descendientes, sin que para esto hiciera falta una educación formal.

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