La novia de las Torres del Saladillo
Juan David tiene poco tiempo en la ciudad, emigró desde la población de Tibú en la frontera colombiana, cansado de la inseguridad producida por los paracos.
En un primer momento vivió en Caja Seca pero un primo, que
hacía años había emigrado también, lo invitó a que se viniera a Maracaibo,
donde él trabajaba de pizzero y en el negocio donde lo hacía solicitaban un
repartidor nocturno.
Su situación legal no era la correcta, no poseía papeles
para poder moverse y trabajar, por lo que ayudaba en el mercado en la población
donde habitaba, pero se atrevió y logró llegar a la capital del Estado.
Ahora reparte pizzas y se siente feliz, ya que ha podido
ahorrar algún dinero y ya vive en una habitación cercana a su sitio de trabajo.
Esa noche del sábado estaba desacostumbradamente floja, en
cuanto a trabajo, quizás porque eran los últimos días del mes y la gente
esperaba la quincena.
A las diez, un pedido de varias pizzas a uno de los
apartamentos de una de las torres del Saladillo, le cambió la cara a la modorra.
-Nosotros no enviamos pizzas para ese lugar, porque los
intercomunicadores no sirven y hay que dejar la moto abajo. –le dice el
encargado.
-Yo las llevo. –insiste él.
Al final quedan de acuerdo que llamará al cliente cuando
esté en el sitio, para que este baje a recibirlas, sin embargo anota la
dirección del mismo.
Una hora después se encuentra en el lugar, pero la llamada
no cae.
Tras diez minutos allí en la calle, decide introducir su
moto hasta el interior de las caminerias de la torre ubicándose en el lugar del
pedido.
La torre amarilla.
El lugar está silencioso y no hay tráfico de personas, sabe
que si llama a la pizzería le dirán que se devuelva y recibirá el merecido
regaño por ser tan testarudo, por lo que coloca la cadena a la moto y la amarra
con un candado a uno de los bancos de concreto del lugar.
Ruega que el ascensor esté bueno porque es en el octavo piso
donde se encuentra el apartamento.
Tras un par de minutos esperando, ya cuando estaba subiendo
el primer escalón, el elevador se abre y una mujer vestida de novia camina
hacia la entrada y desaparece.
Está presuroso de culminar su encargo y no le toma
importancia al evento, de manera que sube por el aparato.
Cuando este marca el séptimo piso se detiene, abre sus
puertas pero no hay nadie.
Pulsa de nuevo el botón marcado como 8 y el ascensor termina
de cubrir el piso que le falta.
Pero de repente un frio tenebroso se siente en el pequeño
habitáculo.
Siente una presencia acompañándolo y con el rabo del ojo se
da cuenta que la figura espectral de una mujer vestida de novia se encuentra en
el ascensor.
Su corazón casi le sale del pecho.
Cuando se abre la puerta, en un arranque de pánico sale
corriendo del mismo.
Ve como su acompañante igualmente sale pero no lo sigue,
sino que desaparece.
Llega al apartamento con las piernas hecha una gelatina.
Un joven en estado de ebriedad abre la puerta, le recibe el
encargo y cancela.
Al notar sus manos temblorosas exclama antes de cerrar la
puerta.
-Vos como que te habéis echao mas palos que yo.
No baja por el ascensor sino que como la famosa comiquita
Speedy Gonzalez lo hace corriendo desenfrenadamente por la escalera.
Sale de allí y jura nunca regresar.
Según algunos residentes de las mencionadas edificaciones
que se encuentran ubicadas en el casco urbano de la ciudad, en la esquina de la
calle 93 con la av. 13, en lo que antes fue el famoso y pintoresco barrio El
Saladillo, el fantasma con el que se tropezó Juan David, deambula regularmente
por el lugar y ha sido visto e incluso fotografiado, según cuentan algunos, por
otras personas.
Los más viejos aseguran que
se trata del fantasma de una joven residente de la torre amarilla que
descubrió justo antes de casarse y estando vestida de novia, las infidelidades
de su futuro esposo y en un acto de depresión se lanzó desde lo alto de ese
edificio.
Dado lo constante de ese vagar espectral, sobre todo en el
ascensor y los pasillos, los habitantes y visitantes del lugar bautizaron como
“La torre del terror” a esta donde ocurrió el suicidio.
Sea cierta o no la existencia de este ser fantasmal, el
mismo forma parte de las leyendas modernas de la ciudad de Maracaibo.



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